Nervio vago, qué es y qué funciones tieneEl nervio vago es algo que me ha fascinado desde hace mucho tiempo y comprender realmente su función en el cuerpo es otra herramienta que puedes utilizar a tu favor para crear más conciencia de ti mismo, el paso más importante en la gestión de cualquier problema de salud.

El nervio vago se llama así porque «deambula» como un vagabundo, enviando fibras sensoriales desde el tronco del encéfalo hasta los órganos viscerales. El nervio vago, el más largo de los nervios craneales, controla nuestro centro nervioso interno, el sistema nervioso parasimpático . Y supervisa una amplia gama de funciones cruciales, comunicando impulsos motores y sensoriales a todos los órganos del cuerpo. Recientemente se ha investigado y revelado que el nervio vago también puede ser el eslabón perdido para tratar la inflamación crónica y el comienzo de un nuevo campo de tratamiento para enfermedades graves e incurables.

El nervio vago, también llamado X par craneal, va desde el cerebro, a través de la cara y el tórax, hasta el abdomen. Es un nervio mixto que contiene fibras parasimpáticas y conecta todos los órganos principales, desde el corazón, a los pulmones y el tracto digestivo. Es responsable de una variedad de funciones corporales como la digestión, el estado de ánimo, la inmunidad y la frecuencia cardíaca.

Tiene cuatro funciones principales, una de las cuales es la activación del sistema nervioso parasimpático, también conocido como el mecanismo de ‘descanso y digestión’. Pero, cuando el cuerpo está en un estado de estrés, este descanso y digestión se apaga y se activa la lucha o huida.

Seguiremos hablando del sistema nervioso autónomo, pero antes me gustaría contarte algunas de las cosas que hace el nervio vago.

¿Qué funciones tiene el nervio vago?

A través del nervio vago, el cerebro le indica al resto del cuerpo que está en peligro y esos sistemas comienzan a apagarse para conservar su energía para la amenaza percibida. Es decir, la digestión dice “hasta luego, Lucas” y deja de funcionar de manera óptima. Es por esto que puedes comer todos los alimentos más diversos, coloridos y antiinflamatorios del mundo, que si vives en un estado de estrés crónico, los síntomas nunca desaparecerán.

Se observa un bajo tono vagal en muchas enfermedades del cuerpo, especialmente en aquellos problemas relacionados con el intestino (SII, SIBO, Crohn, intestino permeable, etc.). También está relacionado con afecciones autoinmunes, problemas de tiroides, fibromialgia, problemas cardíacos, inflamación sistémica y mucho más.

El nervio vago previene la inflamación

La inflamación en sí no es algo malo. Es normal y saludable que se presente cierta inflamación después de una lesión o enfermedad. Pero la inflamación crónica está relacionada con muchas enfermedades y afecciones, desde la enfermedad cardiovascular y la diabetes, hasta la artritis reumatoide, una afección autoinmune. El nervio vago opera una gran red de fibras colocadas como espías alrededor de todos nuestros órganos. Cuando recibe una señal de inflamación, la presencia de citocinas o una sustancia llamada factor de necrosis tumoral (TNF), alerta al cerebro y extrae neurotransmisores antiinflamatorios que regulan la respuesta inmunitaria del cuerpo.

El nervio vago permite que nuestro intestino «hable» con nuestro cerebro

El nervio vago es la vía de comunicación del sistema digestivo al cerebro, y vice versa. Cuando el tono vagal es insuficiente, se compromete la comunicación y esto puede contribuir a que la función digestiva se vea afectada de muchas maneras distintas.

Nuestro intestino usa el nervio vago como un walkie-talkie para decirle a nuestro cerebro cómo se siente a través de impulsos eléctricos llamados potenciales de acción. Nuestros sentimientos viscerales son muy reales.

El nervio vago inicia la relajación después del estrés

Cuando nuestra sistema nervioso simpático que está siempre en alerta acelera las respuestas de lucha o huida, vertiendo cortisol (la hormona del estrés) y adrenalina en nuestro cuerpo, el nervio vago le comunica al cuerpo que se relaje liberando acetilcolina. Los «tentáculos» del nervio vago se extienden a muchos órganos, actuando como cables de fibra óptica que envían instrucciones para liberar enzimas y proteínas como prolactina, vasopresina y oxitocina, que nos ayudan a calmarnos. Las personas con una respuesta vagal más fuerte pueden tener más probabilidades de recuperarse más rápidamente después de un estrés, una lesión o una enfermedad.

El nervio vago y el sistema nervioso autónomo

Las funciones del nervio vago contribuyen al sistema nervioso autónomo, que consta de 2 ramas:

  • El sistema nervioso simpático, que activa la respuesta de ‘lucha o huida’, aumenta la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria, disminuye la profundidad respiratoria, desvía el flujo sanguíneo hacia los músculos de brazos y piernas y lejos del hígado y el tracto digestivo, y dilata las pupilas.
  • El sistema nervioso parasimpático, que activa la respuesta de ‘descanso y digestión’, nos permite mantener la calma, disminuir la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria para tomar respiraciones más profundas y completas y desviar el flujo sanguíneo de las extremidades hacia los órganos internos, lo que permite que nuestro cuerpo se recupere, mantenga la calma e incluso pueda procrear.

El equilibrio entre estas 2 ramas es fundamental para vivir la vida plenamente. La sobreactivación de una rama puede provocar una pérdida significativa de función en la rama opuesta. El desequilibrio crónico es lo que nos lleva por el camino de la enfermedad y la disfunción.

Para que nuestro cuerpo funcione de manera óptima, debemos estar en el lado parasimpático (‘descanso y digestión’) la mayor parte del tiempo. Sin embargo, es importante que podamos cambiar rápida y fácilmente hacia el estado simpático (‘lucha o huida’) para manejar los factores estresantes que pueden surgir en cualquier momento. Tendemos a poder hacer esto con bastante facilidad gracias al neurotransmisor adrenalina y la hormona cortisol.

Pero los problemas de salud comienzan a ocurrir cuando nos cuesta volver del estado de ‘lucha o huida’ al estado de ‘descanso y digestión’. Cuando permanecemos en el simpático, tendemos a apagar la actividad del nervio vago: dejamos de entrenarlo. Lo que hacemos es aumentar la actividad de nuestros nervios simpáticos de forma crónica y a largo plazo con una exposición continua a factores estresantes de bajo grado; como estar atascado en el tráfico a diario, ir a trabajar todos los días en un empleo que no te gusta, etc. Si esto continúa durante mucho tiempo, disminuiremos lentamente el tono del nervio vago y nos inclinaremos hacia su disfunción.

Por eso es tan importante la atención plena, dedicando tiempo a lo largo del día para activar esa respuesta de descanso y digestión para que el cuerpo sepa que está seguro. También hay una serie de ejercicios sencillos y de herramientas que podemos emplear a diario para mejorar nuestro tono vagal. Los veremos en un próximo artículo.

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