Confesión: Soy terapeuta y me abandonéEste seguramente sea uno de los posts más reveladores que he escrito jamás, porque me expone. No a Edurne la creadora de Eva Muerde La Manzana y la terapeuta, sino a Edurne el ser humano. Durante por lo menos un año he mantenido un secreto porque no quería sentirme juzgada por ninguno de vosotros. Y porque tampoco quería preocupar a las personas más cercanas de mi entorno. Seguía con mi vida, silenciosamente, intentando apartar la verdad: me había abandonado.

Cuándo comenzó todo a desmoronarse

Mi historia con la disfunción adrenal viene de muy atrás. Una gran mayoría de los problemas de salud que he tenido a partir de la adolescencia ha sido debido a desequilibrios que han ido afectando a distintos sistemas de mi cuerpo.  Aunque nunca le había dado importancia. Simplemente pensaba que “yo era así”. Hasta que hace unos años comencé a interesarme por la salud y la nutrición. Al cabo de un tiempo empecé a atar cabos: cansancio, problemas hormonales, problemas inmunológicos, digestivos, emocionales…

Y finalmente descubrí un síndrome llamado fatiga adrenal (nota: por razones que explicaré en posteriores artículos ahora prefiero referirme a ello como disfunción adrenal o del eje HPA). Todo empezaba a cobrar sentido.

Así que, de acuerdo con mi personalidad de tipo A, me puse a recabar toda la información posible. Además, fui al médico en varias ocasiones. Y le pedí que me hicieran todas las analíticas posibles (ahora sé que las analíticas que necesitaba no te las mandan los médicos convencionales). Sin embargo, todo estaba, según ellos, perfecto. Vamos, que no tenía ningún valor fuera del rango normal. Incluso en una ocasión mi médico de cabecera me llegó a recetar Prozac.

Ante la frustración de no obtener ayuda médica y de no sentirme bien, decidí hacer las cosas por mi cuenta. Soy una chica lista, no podía ser tan difícil.

Estaba tan equivocada…

Todos necesitamos a un buen terapeuta que nos ayude

Me puse a leer todo lo que podía, libros, artículos, más libros, blogs… Seguí recomendaciones de un sitio y de otro.  De este terapeuta y de aquel otro. Cambiaba mi alimentación, tomaba ahora este suplemento, luego este otro. En resumen, hice lo que acabamos haciendo casi todos cuando estamos perdidos y no encontramos a nadie para ayudarnos.

Fue.Un.Gran.Error.

En lugar de mejorar, las cosas se mantenían, como poco, igual. Y yo seguía pensando, “vale, solo tengo que modificar esto o lo otro, añadir un suplemento más”. Además, leía otra recomendación, otro protocolo, etc. Pero solo añadí mucho más estrés y responsabilidad a mi vida. Y poco a poco me iba hundiendo.

Te cuento esta parte de mi vida porque sé que tú, que estás pasando por todo esto, seguramente estés haciendo exactamente lo mismo que hice yo hace años. Y quiero evitarte un sufrimiento y una frustración innecesarios. Pero, sobretodo, quiero evitar que, por no hacer las cosas bien, empeores tu salud. Dificultando más tu recuperación.

Como dice mi mentor, Reed Davis, quiero que dejes de ACERTAR SIN ANALIZAR.

Un sufrimiento innecesario gracias al cual he aprendido mucho

Pero vamos a avanzar en el tiempo. En concreto, hasta hace un año y medio. Ahí mi vida y mi situación personal dio un giro radical. Y mi salud cayó en picado, a pesar de las herramientas con las que cuento como terapeuta.

Durante un año, me quedaba despierta hasta las tantas porque, después de mis jornadas laborales de 10 horas, el único rato que tenía para mí y para mi negocio era desde las 11 de la noche hasta las 2 de la madrugada. Además, me excedía con más de una copa de vino a lo largo de la semana, abusaba del chocolate y no comía bien.

Por si no fuera suficiente, tampoco tenía tiempo ni ganas de cocinar y a veces sólo hacía una comida, escasa, al día. E intentaba llenar un vacío en mi vida con cosas que no me hacían ningún bien. Cuando sonaba mi despertador por las mañanas para ir al trabajo, todos los días pensaba en cómo podría librarme de tener que levantarme. Llegué a plantearme qué parte de mi cuerpo sería menos doloroso romperme para no tener que ir a trabajar.

Cambio de rumbo

Cuándo le di un giro a mi vida

Hace unos meses se juntaron muchas cosas que hicieron que me planteara dejar mi empleo. Principalmente un grito de socorro en mi interior tras unos episodios muy angustiosos. Además, quería seguir con todo lo que había construido en Eva Muerde La Manzana y con mi negocio, Comida Real. Pero también tenía miedo de quedarme sin mi sueldo y de afrontar la posibilidad de no poder pagar mis gastos si me tiraba a la piscina.

Tras las llamadas de atención (a voces) de mi propio cuerpo, y varias señales que se fueron sucediendo en un espacio muy corto de tiempo, decidí tomar las riendas de mi vida. Y decidí concentrarme en y hacer que mi auto-cuidado y mi mejoría se volvieran una prioridad.

Dado que esto es lo que he estado aconsejando a otras personas durante años, me sentía como un fraude como terapeuta. Además de una hipócrita si no era capaz de hacerlo yo. Y ese era un peso que ya no podía soportar.

Cómo lo hice

Compromiso

Anuncié a todo mi entorno cercano que iba a dejar mi empleo con una fecha definitiva. De esta manera, me hice responsable de mi decisión, evitando en todo lo posible una vuelta atrás por miedos o inseguridad antes de comunicárselo a mis jefas.

Además, mi intención era la de continuar con mis estudios para poder seguir haciendo lo que me apasiona de la mejor forma posible. Estaba decidida a seguir formándome como terapeuta.

De esta manera, además de mejorar mi vida, tanto emocional como física, también tendría la posibilidad de acompañaros mejor a vosotros en la mejoría de vuestra salud. Por ello, invertí una suma importante de dinero en continuar mi formación como coach nutricional con estudios de Nutrición de Diagnóstico Funcional (FDN) de Reed Davis. Y con otra de mis mentoras, Andrea Nakayama, para profundizar mi aprendizaje y práctica de la medicina funcional.

Durante mi vida me he encontrado con tantas dificultades y he tratado con tantos médicos y especialistas intentando encontrar una solución a mis “problemas”, que uno de mis mayores deseos es poder aportar mi parte para acabar con ese ciclo tan frustrante y desesperante. Y, por encima de todo, hacer posible que personas con enfermedades crónicas puedan devolver a su cuerpo esa inteligencia innata para recuperar la salud. Por eso me hice terapeuta.

Dormir

Todavía me queda camino por recorrer en este terreno. Pero he procurado ir adelantando mi hora de acostarme e ir cerrando temas de trabajo más temprano. Aunque no es fácil. Pero me he dado cuenta de que la “rutina” es la palabra mágica para evitar desviarme.

Esto no significa que no haya noches en las que mi negocio (al cual me refiero cariñosamente como mi hijo) no me tenga trabajando más tarde de lo que me gustaría. Pero esas noches cada vez se van espaciando más. Por qué: porque he creado límites.

Límites

En total, tengo una tribu combinada de más de 25.000 personas. Y en la Comunidad privada de Eva Muerde La Manzana en Facebook, un gran número está muy activamente involucrado.

Quiero mucho a todas estas personas (tú). Pero al igual que con cualquiera de las relaciones que pueda tener, he tenido que poner límites. Por ello, el domingo es mi día offline. Y no responderé a todas horas de la noche, no importa cuántas veces me etiquetes en un periodo de 24 horas. Ni con cuántos mensajes privados me bombardees (cosa que me resulta bastante molesta).

Además, cuando estoy trabajando y/o estudiando apago las notificaciones en mi teléfono. Porque cuando están activadas soy menos productiva. De hecho, hacen que me sienta agobiada, enfadada y resentida. Y ese bagaje no le corresponde a nadie más que a mi.

Así que ahora las únicas notificaciones que mantengo son las de Periscope. Para que las personas a las que sigo y que me inspiran me avisen cuando están retransmitiendo.

Comencé a decir “no” con más frecuencia y a todo el mundo que decir “sí”. Y comencé a aceptar que no hay que hacerlo todo hoy y que no va a morir ningún bebé y que las personas pueden esperar.

No soy una jodida máquina.

También he aceptado que no soy, ni tengo por qué ser, y seguramente nunca seré “guay”. Y que prefiero quedarme en casa, con mi ropa cómoda, cenando tranquilamente y viendo una peli o una serie un viernes por la noche. Finalmente, dejó de importarme si le molestaría a alguien. Porque me di cuenta de que no soy Superwoman,, a pesar de lo mucho que pensé que podría serlo.

Componente emocional y espiritual

Quizás sabes que hace unos meses incorporé la meditación en mi vida. Y durante todo este tiempo me ha ayudado en muchos aspectos, principalmente en estar más presente y centrada en lo que quiero.

Uno de los problemas en mi vida, y en especial en el último año, ha sido la falta de atención enfocada. Y el querer abarcarlo. Todo. Ya. (Ya te dije que creía que podía ser Superwoman). Por ello, trabajo a diario, paso a paso. Aplicando lo que sé como terapeuta y cambiando creencias limitantes que me acompañan desde la infancia. Y créeme que no es un camino fácil.

De hecho, en varias ocasiones he sentido que hacía un avance importante. E inmediatamente después, me ha ocurrido algo que ha desafiado esa fuerza y motivación recién encontradas. Y me ha tentado a desandar el camino recorrido y retroceder a la comodidad de mis pensamientos pasados.

En mi camino de crecimiento personal, al que me he comprometido de la misma manera que mis estudios más científicos, he descubierto que también hay un componente emocional detrás de mis problemas de salud. Es más, me he dado cuenta que mis disfunciones hormonales estaban cumpliendo una función. Parece una locura, ¿verdad?

Un aprendizaje que me sirvió más que ser terapeuta

De hecho, esto es lo que aprendí: me sacrifiqué para que mi negocio pudiera prosperar. No tenía una pareja con dinero, ni nada por el estilo. Así que he tenido que trabajar duro para sacar adelante un proyecto que forma parte de mí.

Mis problemas de salud eran mi barómetro para abrir los ojos y ser realista. Para volver a quien soy. Y al final, espero que este post tan largo te permita entenderme mejor y sentirte un poco más identificado conmigo. Porque a diferencia de muchos que te dirán cómo debes comer para sentirte bien, yo he estado en el extremo opuesto. Así que sé cómo se siente al verse y sentirse como una mierda. Y no es fácil salir de ahí incluso siendo una terapeuta.

¿En quién me he convertido?

¿En quién me he convertido?

No lo sé. Pero tras unos meses de pensar en mí, de poner límites, dormir, volver a comer los alimentos densos a nivel nutricional que mi cuerpo necesita para sanar, tomar suplementos para equilibrar mis hormonas y seguir el camino profesional que me hace feliz, día tras día, me siento como una persona nueva.

Sé que todavía me queda un largo recorrido. Y que mi salud, tanto física, como emocional y espiritual, seguirán evolucionando. Pero siento que estoy en el camino correcto para mí.

Y a pesar de las dificultades que me van surgiendo, me siento cada vez más fuerte para afrontarlas, paso a paso. Además, cuando me miro al espejo, me gusta la persona que me devuelve la mirada. Mi piel está resplandeciente, mi energía es mucho mejor de lo que solía ser y me siento cada vez más ligera y feliz.

Discúlpame por haber escrito esta novela. Sé que habrá personas que me quieran juzgar y hacerme sentir inferior por esto. Pero la realidad es que ya no me importa. He vivido y gestionado mi negocio a mi manera. Y seguiré haciéndolo.

Mucho más que una terapeuta

Espero que si te has tomado el tiempo de leer todo esto (y por cierto, muchas gracias) quizás te veas reflejado en mí. Y quizás no te sientas tan solo con tus propias dificultades. Porque sinceramente, no lo estás.

Espero que te des cuenta de que sentirte bien y saludable por dentro y por fuera requiere un cambio general en el estilo de vida. Algo que no podrá hacer un terapeuta por ti. Ni tampoco algo que requiera de otro producto para detoxificar del herbolario que tiene la potencia para detoxificar, si acaso, a un puñetero hamster.

No existen los apaños rápidos. Escarba, indaga, investiga. A fondo. Está ahí. Hazme un favor y deja de preguntarme qué pastilla debes tomar para perder peso, recuperar la energía o mejorar tu resistencia a la insulina. Porque, como puedes ver, es un enfoque general. Y los suplementos no son el remedio milagroso.

Además, deja de echarle las culpas a otros o hacerte la víctima. Y mira a ver de qué te puedes responsabilizar. Tú tienes el poder de cambiar tu vida, no el resto, no un terapeuta. Y si todavía te estás inventando excusas, recuerda una cosa:

Gastamos tiempo, dinero y energía en lo que valoramos. Punto.

Entonces, no te comportes como el perro del hortelano. Haz lo que tengas que hacer y hazlo ya. Y date cuenta de que mereces algo más.

Te quiero,
Edurne

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