salud real

¿Por qué es tan difícil hablar de salud real? ¿Qué es lo que tenemos que hacer para estar realmente sanos? ¿Hasta qué punto es más importante la dieta que el ejercicio físico? ¿O es más bien lo contrario?

Uno de los errores más habituales que veo a menudo en mis pacientes es entender la salud como partes individuales. Como piezas de un mismo puzle que funcionan por separado. Y donde parece existir una jerarquía que hace que algunas de esas piezas sean más importantes que otras.

Con este panorama, no nos debería de extrañar que la gente no esté sana. Ni tampoco nos debería de sorprender que existan tantos mitos relacionados con la salud real.

Macros, fitness, dietas, calorías, cetosis, ayuno intermitente, hormonas, estrés, etc. son palabras que hasta hace pocas décadas no estaban en nuestro vocabulario. Términos que no formaban parte de nuestras vidas.

Sin embargo, hoy en día todos las conocemos. Y, lo que es peor, las usamos.

Y aunque soy la primera que se alegra de ver cómo nuestro léxico ha aumentado, me preocupa el significado real que tiene todo esto.

Hace unas semanas ya te hablaba de la no-moda de la comida real. Y no es casualidad que hoy retome ese tema para profundizar más en él.

El triángulo equilátero de la salud real

La parte nunca puede estar bien a menos que el todo esté bien” – Platón

Una cita a la que añadiría: “sobre todo cuando se trata de salud real”.

De nada sirve ir todos los días una hora al gimnasio si luego te pasas el resto del tiempo sentado en una silla. O bien ver el deporte como una “obligación” con la que cumplir pase lo que pase. Incluso si eso significa no darle a tu cuerpo el descanso que necesita.

Al igual que tampoco sirve de nada ser dogmático con tu alimentación si eso va a implicar un mayor estrés en tu vida.

¿Ves a dónde quiero ir a parar?

La verdadera clave de la salud reside en encontrar un equilibrio entre las partes. Pero, sobre todo, en entender la simbiosis que se da entre ellas.

Alimentación, deporte y descanso. Tres puntos igual de importantes dentro de un triángulo equilátero. Tres puntos complementarios que tenemos que cuidar y trabajar por igual si realmente queremos estar sanos.

La alimentación y la salud real

Si me lees habitualmente, ya sabes cuál es mi postura sobre este tema.

La alimentación no solo nos da salud sino que es una de las mejores formas que tenemos de cuidarnos. Además de ser un acto social que nos nutre más allá del plano puramente físico.

Por no hablar de la parte creativa y divertida que tiene la cocina.

Apostar por la comida real, por cocinar en casa y por compartir la mesa con nuestros seres queridos es apostar por nuestra salud.

El ejercicio físico y la salud real

Siguiendo con nuestro triángulo, no podíamos dejar de lado la actividad física y el deporte. Dos términos que son muy parecidos pero que no son iguales.

De hecho, uno de los errores que cometemos hoy en día es centrarnos solo en el deporte. Es pensar que por ir a un gimnasio, participar en una maratón o ir a una clase de pilates, ya tendremos esta parte cubierta.

Con esto no quiero decir que el deporte no sea importante. Pero si hay algo que caracteriza a las sociedades tradicionales no es que pudieran levantar pesas o correr grandes distancias.

Al contrario, caminar, subir escaleras, tener unos trabajos más demandantes físicamente o hacer las tareas del hogar son algunos de los factores comunes.

Algo que cada vez es menos habitual y que explica por qué no sirve de mucho ser activos solo durante 45 minutos al día.

El descanso y la salud real

Y llegamos al último vértice del triángulo: el descanso. Un tema que también he tratado a menudo en el blog y que va más allá del sueño.

A veces, el descanso también es saber decir no. Es dedicarte todos los días unos minutos para desconectar y para recordarte lo mucho que vales. Es darle a tu mente lo que necesita en el momento en que lo necesita.

Ya sean 8 horas de sueño, ya sea hacer alguna actividad con la que te sientas bien.

Sobre todo si tienes problemas hormonales. La carga que tiene el estrés y el agotamiento mental en nuestras hormonas es mayor de lo que te imaginas. Y, por desgracia, este punto es el que más nos cuesta cambiar. Y en el que más trabajo queda por hacer.

La receta de la verdadera salud

Después de leer todo esto, puede que te estés preguntando cómo hacer para estar sano. Y créeme si te digo que es mucho más simple de lo que parece. Sobre todo ahora que tienes claro la importancia de mantener el equilibrio entre las partes.

Si no sabes por dónde empezar, te recomiendo que vayas aplicando cambios de forma gradual. Puedes empezar por dedicar 30 minutos cada día a dar un paseo (quizá para ir al trabajo). Otros 20 minutos en cocinar algo rico y sano (¿qué te parecen unos fettuccine Alfredo?). Y finalmente pasar otros 10 minutos haciendo algo que realmente te guste. Algo que te haga desconectar y que deje descansar realmente a tu mente.

Una hora al día que estarás invirtiendo en ti. La verdadera receta de la salud.

¿Ya sabes qué “ingredientes” vas a usar cada día? Cuéntame, ¿cuál es tu “receta de salud” favorita?

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